domingo, mayo 27, 2012

Dios cruza los dedos.....


Dios hizo al hombre y a la mujer. El hombre construyó a los robots. Los robots asesinan al hombre. La mujer destruye los robots. La mujer gobierna el mundo e intenta conquistar el cielo. Dios mata a la mujer. Dios nuevamente solo. Dios crea al hombre/robot y la mujer/robots. Dios cruza los dedos que ahora si resulte…(Dios no tiene buena suerte, porque no cree en la suerte)..

domingo, abril 29, 2012

Los Cordones/Culebras/Demonio.



Definitivamente, sirven para muchas cosas. Más allá de su uso ordinario, también puede ser requerido como soga para el ahorcado. Es cierto, mi suicidio es un testigo presencial de lo afirmado. Parecieran tan inofensivos e inocuos pero son artefactos letales para los desesperados.
No recuerdo bien cuándo fue, ni por qué, quizás habrá sido la infidelidad descubierta de mi pareja, mi fidelidad a los problemas económicos o simplemente un mal día. Sólo recuerdo, que había llegado, sin consuelo, hasta la gruta de mi Virgencita de los Pescadores Náufragos y me disponía a terminar mi lamento.
Creo, que aquella decisión de largarse de este mundo, voluntariamente, es una de las resoluciones más concretas e irrefutables que pude haber tomado, ni siquiera un titubeo, una duda, un cuestionamiento, era lo que había que hacerse y punto. Claro, los que aún están allá, piensan que fue una decisión apresurada, incorrecta y, sobre todo, irracional, pero desde cuándo la muerte tiene lógica.
Reconozco que en un momento me desanimé; no sabía cómo iniciar este proceso, sobre todo en aquel lugar desprovisto de todo instrumento homicida. Pensé subir a lo más alto de la gruta de mi Virgencita, pero desistí porque ella no tiene la culpa de mi desgracia y no quería que después la acusaran de cómplice de mi propio asesinato. Lo intenté, después, tratando de ahorcarme con mi correa imitación cuero. Lacee la correa a la vara central que cruzaba el entretecho de la pérgola que asiste el descanso de los peregrinos. Luego, formé una torre con las sillas que habían en lugar, hasta alcanzar la altura exacta entre mi cuello y el O mayúscula que dibujó el cinturón; metí mi cabeza, ajusté la correa lo más que pude, con el objeto de evitar alguna huida o arrepentimiento de última hora y me tiré al vacío.
No funcionó. No funcionó porque la hebilla no soportó el peso y se rompió. Ese es el problema de la piratería, no te asegura durabilidad.   
Debió ser frustrante. Obvio, fallaste en tu vida, móvil de tu resolución, y, ahora (ayer), fallas en la precisa instancia en que te despojarías de tu existencia para poner término a tus fracasos. Tuvo que ser frustrante. Pero la muerte se apiado de mí y llamó, nuevamente, mi atención.
Sentado en el suelo o, en las sillitas de la terraza, no lo recuerdo, mi mirada se dirigió hipnotizada hacia los cordones de mis zapatillas. Esas delgadas cuerdas comenzaron a moverse con un movimiento ondulado sin trayectoria previsible. Sorpresa, mis cordones se habían convertido en lombrices. No, espera, me equivoqué, eran serpientes, sí, eso eran, idénticas a las que uso el diablo para tentar Adán y Eva, las mismas que ahora (ayer) me instaban a no abandonar mi plan, ofreciendo ayuda gratuita y desinteresada.
Entonces, cogí al par de bichos y los puse sobre la vara del entretecho. Solitos rodearon la tabla, entrelazándose de tal forma que formaron una soga. Lista la cuerda viva, asome mi cabeza a la puerta del cordel y me encomendé al trabajo de las culebras. Ellas, al percibir mi cuello, iniciaron su movimiento circular, ajustándose, lentamente, a mi pescuezo. Ya estaba atado, ahora mi parte. 1, 2 y ... me lance, confiado que las culebras/cordones/demonio me sostendrían. Me sostuvieron. Pero igual me dejaron caer. Cómo explicarlo. No caí al suelo pero igual descendí. Ahora quiero subir y retroceder pero los cordones no me dejan (creo que nunca me desharé de ellos).
Ergo, les sugiero a todos aquellos cobardes que quieren eliminarse usen la técnica de las serpientes encubiertas de cordones. Es eficaz, sin revocación. El arrepentimiento no es una posibilidad.
(ADVERTENCIA. Este tipo de muerto tiene falencias. Si bien es eficaz, es bastante, lento, tedioso y doloroso. La expiración llega pero lentamente. Hay que armarse de paciencia, porque puede extenderse la agonía hasta 20 minutos. Al menos ese fue mi caso. Además, el dolor es punzante y desesperante, la soga artesanal se había colocado intencionalmente sobre la manzana de Adán, donde la asfixia se confunde con la incomodidad, lo único que esperas es que termine pronto ese suplicio.
Poco a poco, comienzas a perder la conciencia. También pierdes tu lengua, sabe a dónde enterrará. Tus ojos se van cerrando. Tu esfínter se va abriendo. Una fría rigidez se va apoderando de tus extremidades, acompañado de un irresistible cansancio. Súbitamente, tu organismo sucumbe al desaliento y se desvanece para siempre.  
El único recuerdo que tengo es un surco incompleto, oblicuo y muy profundo que tengo en mi cuello, que con el tiempo se ha puesto café oscuro, destacándose, como una medalla, del resto de la tez azulino de mi cuerpo.
Evite que esta muerte sea en presencia de terceros, sobre todo consanguíneos.)

martes, abril 17, 2012

Iglesia de nuestra Señora de la Divina Providencia


Fatídicos números impares; 27 de febrero, 03:34:17 AM, 00:02:45 de duración; movimiento desmoralizador, grito subterráneo; excarcelación del diablo; confabulación del infortunio, salvo, una falsa excepción, el sostén del muro de una Iglesia del siglo XIX; “Divina Providencia” alcance a invocar, cuando los endemoniados adoquines de barro castigaban mi cabeza hasta producir el daño que me obligó ascender (o descender, porque aún no veo a la Virgen, ni a Pedro ni a José).

miércoles, junio 30, 2010

Alegato de un Maniquí Explotado



Quizás vine de China, Corea o Hong Kong; incómodo y apretado en un contenedor, confundido entre mis iguales e inmigrante ilegales. No sé por qué arribe a esta ciudad donde el desierto y el mar era su única postal. En realidad el "por qué", está demás,nosotros no tenemos derechos, al "humanos".
En fin, después del desmbarque, nos apilaron uno y tras a otro, sin diferenciación de sexo(con lo humillante que puede resultar ello)al costado del puerto, para, posteriormente, repartirnos en improvisadas tiendas. Recuerdo que me ubicaron en la entrada de un primitivo galpón, dentro de un arenal cuasi desolado, cuasi urbanizado y sólo como acompañantes a los hombres del mundo que cargaban cajas, sueños y negocios.
La esperanza de esos hombres transformaron los rudimentarios almacenes en suntuosos salones; ornamentándolos con luces, música y aromas de las naciones; azuzando a los ingenuos de aquí y a los de allá a dilapidar todo lo que no tenían y nunca tendran, regocijándose, a modo de premio de consuelo, en el progreso y el éxito del comerciante embustero.
Mismo regocijo es el que siento al seguir siendo explotado en el mismo galpón de hace 35 años atrás, a pesar que mis brazos fueron cercenados y una cuerda sostiene mi desequilibrado cuerpo. Peor fortuna tuvieron mis primos y hermanos que terminaron en el basurero o como combustible para las hogueras de los vagabundos que posan cercanos, ahora, al gran centro comercial.


lunes, noviembre 09, 2009

Y las mujeres son de Venus..


Nuestras declaraciones sobre Uds., nunca han sido asertivas, más bien interrogativas, no muy novedosas, lleno lugares comunes, prejuiciosas a lo mejor, estúpidas quizás, sesgadas o machistas inclusive. Son dudas, lindas mozuelas, provocadas por ustedes y que se han negado a contestar. Vuestro espécimen, de todas las criaturas existentes, es la que más nos causa intriga y fascinación, entender su comportamiento es una tarea, en ocasiones frustrante, para que hablar de la posibilidad de escudriñar su psiquis, empresa aún más improbable de concretar; aún así, los ilusos, nos aventuramos en buscarlas e intentamos develar algunos de sus secretos.

Mi primera incertidumbre es acerca de la afirmación de por qué las mujeres son o vienen de Venus, o en su defecto, por qué someterse a esa imposición nominal, casi espacial, casi divino, de su existencia que, por lo demás, pudo haber sido decretado por su contrapartida masculina que menos recurrido y conocimiento tiene de sus parajes. En fin, respecto de lo anterior, apuesto a dos postulados.

Aunque algunas quieran acuñar, dicha frase, al título de la insoportable serie de best seller de terapia para parejas “Los hombres son de Martes y las mujeres de Venus” del doctor en sicología, John Gray, sus orígenes son mucho más remotos e interesantes, encontrando una aproximación obligada, en el segundo cuerpo terrestre del Sistema Solar.

La representación de la mujer a través del planeta Venus, pudo haber sido invención de algún consolidado astrónomo, ocioso astrologo o intoxicado alquimista del siglo XVIII (todos anónimos por lo demás); en cuyos bocetos plasmaron gráficas femeninas relacionadas con aquel planeta, como el espejo de Afrodita y la cruz que lo sostiene, hoy, símbolo de lo femenino. La relación precedente, no resulta descabellado, el planeta Venus, por sí solo (o sola), goza de ciertas particularidades que lo diferencia de sus hermanos que lo acompañan. Destaca, de inmediato, su órbita. Mientras la mayoría de los cuerpos celestes giran de manera elíptica, Venus tiene una órbita más cercana a una circunferencia; con una rotación de Este a Oeste. Los rasgos mencionados dicen mucho, al menos para mí. La mantención de una órbita circular, es reflejo de perfección constante y uniforme, al menos estéticamente; similitud que constituye una carga tan propia de Uds., por la obligación diaria e incesante de comprobarse a sí mismas y, por añadidura, a quienes las rodea, de su aceptable complexión física, superación intelectual y estabilidad emocional, haciendo suyos, para este caso, el jingle “verse y sentirse bien”. Del mismo modo, el giro opuesto de Venus (Este a Oeste) a como lo hacen los demás planetas (Oeste a Este) son demostraciones de la distancia y diferencias permanente, casi irreconciliables, que nos separan entre hombres y mujeres; es ese pintoresco “movimiento retrogrado” de Venus, el que se levanta como una comparación simétrica con las mujeres, ya que Uds., actúan, piensan y sienten de manera contraria a como, rutinariamente, lo hacen los hombres.

Pero la denominación “Venus”, no fue concebida, originalmente, para un planeta X, sino otorgada a una diosa romana y, mucho antes, diseñada para la cultura helénica. El mentor, de tal divinidad, fue Virgilio quien reconocía, en Ella, el siguiente tridente: amor, belleza y fertibilidad. Si bien, es un triangulo básico, tiene cierto simbolismo geométrico, muestra de proporcionalidad exacta; peso milimétrico de tres atributos que conformar patrimonio exclusivos y únicos de las mujeres, cualesquiera la época en el cual se reproduzcan. Aquel triangulo femenino, también, aparece encubierto en el “Arte Precolombino”, sobre todo en el Arte Cuzqueño, tanto en sus pinturas como mini esculturas, en particular, en la estructura y vestimenta de las ” ñustas incas” (sincronismos de princesas incas con vírgenes españolas) en cuya cúspide denota la finura deseada por todas Uds., hasta descender cerca de la base donde exhibe sus anchas caderas, trampa de seducción de extraviados pelegrinos, además, de revelar signos de buena salud y fertilidad.

Extraño que en estas diosas y princesas, más mortales que perennes, sus creadores no hayan resaltado, ni siquiera mencionado, sus facultades cognitivas, al parecer sus atributos emocionales resultarían más gravitantes para la existencia de una mujer.

Finalmente y, después de re-leer esta pretenciosa columna, me doy cuenta que no tiene mucho sentido “pajearse mentalmente” sobre vuestra concepción o del planeta que hayan venido ya que todas esas lucubraciones, algunas interesantes pero inútiles a la vez, nacen del mismo seno masculino, con toda la discrecionalidad y arbitrio que significa eso. Lo anterior, lo advierto, no es nuestra culpa, sino suyas, ya que ninguna de las señoritas, han levantado el dedo y rebatido lo expuesto por varios de miles de año o por lo menos no existe evidencia que se hayan esforzado en decir cuál es su dios padre/madre o en qué cuerpo galáctico pernoctan, a menos, que las “Guindas” digan y demuestren lo contrario.

viernes, julio 31, 2009

Un parque, un aguacero y un abrigo. (Fragmento completo)



Santiago del Nuevo Extremo. Valdivia fue pitoniso al acuñar aquel apellido. En la Metrópolis resulta todo tan abultado y exagerado: su superficie, su población, la contaminación, las pandemias, las lluvias y el frio, ejemplos de una explosión aritmética imperfecta, infinita, sin restricción ni contrapesos.
La expansión se extiende también a los estilos de vida (o sobrevivencia), los rituales, las costumbres y malas costumbres, muchos de ellos importados de Gringolandia o Europa y convertidos a la realidad nacional popular. ¿Una ciudad copypaste?, ¿un rewind frustrado inglés o francés?, ¿secretismo de culturas? o ¿globalización resignada?, llámenlo como quieran, para mi no es tema, al menos por hoy no.
Este día polar saldré a pasear por Parque Forestal, a pesar que San Pedro castiga con azotes la Capital, igualmente, necesito deambular por el trazado lineal de la antigua arboleda, para distraer, dolores y ruinas. Sin perjuicio del poco optimista devenir, me siento seguro y protegido para enfrentar este sombrío día, ya que esta ocasión usaré mi viejo abrigo de piel. Este abrigo es una vestimenta peculiar, si bien, evidencia las lesiones propias del tiempo, las polillas y uno que otro accidente doméstico, se mantiene en buen estado, más aún, puedo afirmar que las imperfecciones impuestas por el trajín ordinario constituyen detalles finamente seleccionados que lo alejan de sus pares. De supuesta talla XL, gracias a su tecnología ex-soviética, permite ajustar sus gruesas fibras a contexturas más enjutas como la mía, o eso pareciera, al menos logra engañar a un par de ojos sanos o los infalibles lentes "poto" de botella. Sus materiales sintéticos no obstaculizan la perfección del corte ni la elegancia parisina que tanto nos gusta pavonearnos; pero sin duda, el toque de distinción (o exageración), lo otorga el bicho con pelos que rodea el cuello del traje; piel arrancada de algún animalito peludo coterráneo de países ex-comunistas olvidados, donde los reclamos de Peta y Greenpace son ignorados. Esa conjunción entre la simetría industrial y la singularidad animal me confiere seguridad y tranquilidad; la energía que emana del choque de esos dos antagonistas no sólo produce calor sino que también un escudo que rechaza el infortunio. Perfecto. Con esa certidumbre inicio mi caminata por los angostos caminos de Baquedano. Donde hubo prados, donde hubo plátanos, ahora hay graffitis y recuerdos de un cuadro nudista colectivo; las tertulias literarias de comienzos del siglo XX y las manifestaciones políticas de los 80' han sido desplazadas por malabarismos de neo hippies y estridentes recitales. En la mayoría de esos cambios ha estado presente mi abrigo pero sin sufrir variaciones radicales, ni en su complexión ni en su alma. Inmutable. El chaparrón intenta abatir mi camino. Las gotitas de agua consensuadas tratan de escabullirse por las rendijas del abrigo, pero éste, silenciosamente, los repele. Aunque no sólo debe despejar a una lluvia confabulada sino que también a los comentarios envidiosos de abuelitos frustrados; risotadas irónicas de escolares cimarreros y miradas audaces de comunes delincuentes, igualmente, todos ellos sucumben ante su imponente e infranqueable estructura. Invencible. Paró de llover. Debo volver al lugar de mi infinito descanso. Un rectángulo al vacío sustraído del limbo ha resguardardo la integridad de mi abrigo y el mio. Ahora asciendo y cierro mis ojos. Debemos recuperar fuerzas para otro incierto paseo. Acá nos quedaremos por un tiempo, fijamente colgados en un extremo del museo, para alivio nuestro, para goce de terceros. Admirable.

Ref: Gravado"Abrigo de Piel. Frente".
Autor: Claudio Bravo.

domingo, mayo 25, 2008

Aeropuerto (Metrópolis).


Aeropuerto-Iquique-Diego Aracena (desconocido). Pájaro con plumas de acero para 156 pasajeros. Ciento veinte mini-estrellas extraviadas titilantes en suelo desértico. Veinte mil pies de altura. Velocidad Crucero 800 Km /hrs. Trío de asientos carceleros. Vocabulario geométrico para ornamentar y advertir. Pasajeros sentados, formados y disciplinados. Distinción de clases: Ricos, ordinarios y desamparados. Aeropuerto-Santiago-Comodoro Arturo Merino Benítez (otro desconocido). Aterriza la morsa de plata con sus 156 pasajeros. Otros ciento veinte luceros parpadeantes guían el camino. Los viajeros desembarcan formados y adiestrados. Primero los ricos, segundo, los mediocres y finalmente los pobres.
Avanzó por la manga; por fin suelo continental. Una grabación usurpa, torpemente, un idioma extranjero:“Welcome to Santiago, It’s midnight and It makes fourteen degrees of temperatura. Have nice to stay in the city. Mismas palabras fueron pronunciadas, con mejor acento, en Charles de Gaulle y en el Aeropuerto de Zambia. Me traslado por las escaleras hasta el piso Nº 4. En dos minutos 25 segundos alcanzaré el desembarque, tiempo similar les ocupará a los viajeros del aeropuerto J. F. Kennedy abordar esa misma estación, siempre que sean naturales de la zona o de estirpe inglesa o japonesa (el terrorismo les rompió la lógica).
No importa cual sea el Terminal de Aviones, todos son productos involuntarios del más genuino mecanicismo, modelo perfecto de materia y dinámica. Habrá algunos con más luces, sonidos y colores, pero siguen siendo el mismo templo; idéntica masa y movimiento; el sueño de Galileo, Descartes y Leibniz, de alquimistas, deterministas y sistémicos; un armazón cibernético sin espíritu y valor.
El imperativo hipotético de su funcionamiento, no es complicado de entender, en realidad, los aeropuertos no fueron construidos para ser comprendidos, sólo obedecidos, quizás porque cibernética y política comparten raíz etimológica (Κυβερνήτης=timón).
El Aeropuerto de Pudahuel, representante legítimo del engranaje perfectamente ensamblado: flechas luminosas de neón, computadoras de pasillos, cintas transportadoras de pasajeros, maletas y cargas, expendedoras de café, radares, cámaras y escaleras mecánicas, conjunto inorgánico que guía, mueve y domina a miles de personas, siendo estos últimos meros insumos energizantes del sistema computarizado. Estructura ideal de narradores míticos, chiflados renacentistas y contemporáneos científicos; artesanos que emularon piezas muertas para trasformarlas en organismos robotizados, simuladores de la capacidad creadora de divinidades que a través de cables, hierros y botones suplantaron, primero, el músculo humano (incluyendo el cerebro) y, después, controlaron la naturaleza y el resto del universo. El hombre, esclavo anónimo del macro autómata, fuera de él, un ser inválido e inservible, cumpliéndose la profecía de un título mutilado, “Human use of Human Beings, Cybernetic and Society “.
Son las 12:30 de la noche y la estampida humana es guiada por flechas hacía la estación de desembarque, con precisión nanométrica, la correa transportadora despoja las maletas a los cómodos receptores. Primero el embalaje de marca (la computadora calcula que son hombres de negocio y sin tiempo de espera), seguido las de mayor peso (lectura electrónica que conjetura que son equipajes de padres de familia) y finalmente deportistas y estudiantes (cuyo calculo binario permite proyectar que la perdida de 5 minutos no afectará su rutina). Sin perjuicio de lo anterior, los rezagados son compensados con una copia sintética de café en grano colombiano tan pronto pase un ingenuo cerca de la expendedora. O una visita fugaz al sincrónico baño que encienden sus luces al percatarse que existe peligro de aglomeración en el andén de espera.
Ya han pasado 22 minutos. La computadora creyó que mi equipaje era de un hippie estudiante. Fui él último en la entrega. Las escaleras máquinas no funcionaban, hasta que una cámara diviso a una mujer obesa subiendo los escalones, con el objeto de evitar un accidente y multitudes innecesaria, la autómata envió el mensaje a la escalera N º 22 para que se moviera, aprovechando el aventón y recuperando algunos minutos.
Las puertas de salida se abrieron automáticamente a través de un sensor de movimiento, la odisea en el establecimiento (con pajeó mental incluido) me tomó 34 minutos (alabado sea Pascal y Leibniz por configurar el sistema binario de lectura dejando sin posibilidad la maldición del número impar).
Estoy afuera; vuelvo al caos sin planificación de la vida cotidiana. Muchedumbre, ruidos, choques de imágenes y olores nauseabundos. Pido un taxi. Doce mil pesos hasta Santiago Centro. No hay otra opción, aceptó el robo. Con esas desalentadoras características del exterior y quienes lo dominan, prefiero seguir siendo esclavo, o al menos, espectador del frío y gratuito mundo autómata y cibernético.